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domingo, 12 de diciembre de 2010

12 de diciembre. Disposiciones sobre la figura del fundador.


Disposiciones sobre la persona del fundador de la Legión de Cristo

El director general, autorizado por el Delegado Pontificio, formaliza lineamientos sobre la relación de la Congregación y del Regnum Christi con la figura del P. Maciel.

Roma, 11 de diciembre de 2010. El P. Álvaro Corcuera, L.C., director general de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi, después de recibir la autorización del Card. Velasio de Paolis, Delegado Pontificio de la Legión de Cristo, ha normado algunos aspectos en relación con la figura del P. Marcial Maciel. El decreto, promulgado con fecha del 6 de diciembre, es fruto de numerosas consideraciones y sugerencias y del sucesivo intercambio entre los superiores mayores de la congregación. Así se formaliza, a grandes rasgos, lo que en buena parte ya se había establecido en la práctica de los últimos tiempos:

En los escritos institucionales, el modo de referirse al P. Maciel será “fundador de la Legión de Cristo y del Regnum Christi” o simplemente “P. Maciel”.
Se confirma la disposición que en los centros legionarios y del Regnum Christi no pueden estar colocadas fotografías del fundador donde se encuentre solo o con el Santo Padre.
Las fechas relativas a su persona (nacimiento, bautismo, onomástico y ordenación sacerdotal) no se festejan. El aniversario de su muerte, 30 de enero, será un día dedicado especialmente a la oración.
Los escritos personales del fundador y sus conferencias no estarán a la venta en las editoriales o en los centros y obras de la Congregación.
A la cripta del cementerio de Cotija donde descansan los restos mortales de la familia Maciel Degollado, del P. Maciel y de otros legionarios de Cristo y miembros consagrados del Movimiento, se le dará el valor que tiene toda sepultura cristiana como lugar de oración por el eterno descanso de los difuntos.
Los centros de retiro en Cotija seguirán ofreciendo los mismos servicios que hasta el presente, pero se establecerá ahí un lugar para la oración, reparación y expiación.
Al introducir estas disposiciones institucionales, el texto indica que los superiores, directores y directoras deben proceder "conforme a los criterios de este decreto también para todas las cuestiones que no se tratan explícitamente en él, teniendo en cuenta el sentir de su comunidad o equipo". Además, respetando la libertad personal de los legionarios de Cristo y miembros consagrados del Regnum Christi, las normas establecidas dejan espacio para que quien así lo desee pueda conservar de manera privada alguna fotografía del fundador, leer sus escritos o escuchar sus conferencias. Igualmente, nada obsta que el contenido de estos escritos pueda usarse en la predicación.

Al transmitir el decreto, el P. Álvaro Corcuera manifestó su firme esperanza de que esta postura institucional ayude a todos los legionarios y miembros del movimiento Regnum Christi a centrarse en la persona de Cristo y a seguir muy unidos en la caridad.


Fuente: http://www.regnumchristi.org/espanol/articulos/articulo.phtml?se=359&ca=84&te=782&id=31723

miércoles, 14 de julio de 2010

14 de julio. Nota del padre Luis Garza LC para la prensa


Roma, 14 de julio 2010

Ayer, martes 13 de julio, varios portales de periódicos mexicanos han publicado notas en referencia a una grabación de una reunión privada que yo sostuve en el mes de septiembre de 2009. Esta grabación fue difundida ayer en el noticiario de MVS con numerosos cortes y comentarios que, en parte, trastornaban el sentido de mis palabras.

Por este medio me permito aclarar, por el momento, sólo dos de las afirmaciones principales que se han presentado en varios portales, retomando para este efecto, la formulación de un artículo publicado en el portal del periódico Reforma.

El artículo dice: “Luis Garza Medina, vicario de los Legionarios de Cristo, afirmó que la cúpula de la congregación optó por ocultar los abusos de Marcial Maciel”. Esta afirmación no corresponde ni a los hechos ni a lo que yo dije. Ni el P. Álvaro Corcuera, LC, director general de la congregación, ni un servidor u otros superiores de la congregación, ocultamos o pretendimos ocultar las conductas que fuimos descubriendo paulatinamente después de que el P. Marcial Maciel renunciara a su cargo como director general.

Sin embargo, como lo hemos expresado en diversos foros, ha llevado tiempo conocer de manera completa y examinar, en la medida de lo posible, la veracidad de las acusaciones contra nuestro fundador. A partir del verano 2008 y ya con certeza suficiente de los hechos informamos gradualmente y de manera personal a los superiores de la congregación y a los miembros religiosos de la Legión de Cristo, a los consagrados, consagradas y demás miembros del Movimiento Regnum Christi presentes en 22 países y, finalmente, a los medios de comunicación y a la sociedad, expresando nuestro profundo dolor por esos hechos gravemente reprobables.

La nota publicada dice además: “[El P. Luis Garza] admitió que al menos tres miembros de la directiva de los Legionarios sabían de las conductas de Maciel y prefirieron ocultarlas y no actuar para impedir que continuaran”. También esta afirmación es incorrecta. Ante la pregunta si había miembros de la congregación que sabían de los comportamientos ocultos de nuestro fundador, yo he mencionado el caso de tres sacerdotes mayores que después de la muerte de nuestro fundador comentaron que tenían conocimiento de algunos de los hechos, refiriendo que uno de ellos explicó que no hizo una denuncia porque no tenía modo de demostrar lo que había conocido y porque el P. Maciel, por su autoridad como fundador y director general, había sido idealizado por muchos.

En este contexto reitero que ninguno de los superiores actuales tenía constancia de los comportamientos ahora conocidos de nuestro fundador y mucho menos los ha consentido. Además, como dice nuestro comunicado del pasado 25 de marzo: “Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas responsabilizando de sus hechos a estas personas”.

Confío que los medios de comunicación que han hecho referencia a esta grabación desean informar la verdad de los hechos a sus lectores. Por tanto, agradeceré que puedan colocar el contenido de esta nota en el lugar y posición que corresponda para aclarar las afirmaciones que señalo en los párrafos anteriores.

Atentamente,

P. Luis Garza Medina, L.C.

viernes, 21 de mayo de 2010

21 de mayo. Driving Straight on Crooked Lines
























JACK KEOGH ha escrito sus memorias:

http://www.drivingstraight.com/

May 21, 2010 – ”How do I make a living following my passion?” If you’ve asked yourself that question, then you need to read "Driving Straight on Crooked Lines: How an Irishman found his heart and nearly lost his mind"

This is the story of Jack Keogh, from Dublin Ireland. For twenty years his life was intertwined with the Legion of Christ, a controversial religious order founded in Mexico. While the Legion and its founder Marcial Maciel take up a large part of the story, the book is not about them. It is the story of an Irishman who, after years of only trusting his head, learned to get in touch with his heart.

"Driving Straight on Crooked Lines" covers the twenty years of Keogh's life from adolescence in Dublin, Ireland, to adulthood as a Catholic Priest and his transition to a new life as a husband, father and successful international management consultant. The
author weaves his personal experiences - he lived for extended periods in six different countries! - into the tapestry of his life story. Spanning locations from Dublin, Ireland to Gabon in Central West Africa, Keogh tells how he found his heart, and in doing so, nearly lost his mind.

London-born Niamh Dougall said “Many of us wonder what it is like "behind the curtain" of priesthood. With Hollywood images like "Da Vinci Code" and the scandal of recent times, Catholics have been left disillusioned. I loved this book because it was refreshing and candid. This story is told with honesty and humor, and I couldn't put it down!”

Keogh comments: "After leaving my life as a religious, I wondered why some people seem to get rich easily while others have to struggle just to get by. I was getting off to a late start in my new career and had to decide if I had the right education and skills to get a job in the unfamiliar world of business. That's when I decided to trust my heart, get in touch with my passions, and learn to control my thoughts." Following his heart, he went on to become a sought after management consultant and speaker. To date he has addressed more than 40,000 participants in the USA, Europe, Asia Pacific and Latin America. He runs his own firm, Keogh & Associates Consulting, LLC, advising international and domestic organizations on human capital issues.

http://www.DrivingStraight.com offers background information for readers not familiar with the Catholic Church and the scandal surrounding Fr. Maciel and the Legionaries.

sábado, 1 de mayo de 2010

1o de mayo. Comunicado de la Santa Sede después de la Visita Apostólica. (Castellano)























COMUNICADO DE LA SANTA SEDE (1° de mayo de 2010)

1. En los días 30 de abril y 1° de mayo el cardenal Secretario de Estado ha presidido en el Vaticano una reunión con los cinco obispos encargados de la Visita Apostólica a la Congregación de los Legionarios de Cristo (mons. Ricardo Blázquez Pérez, Arzobispo de Valladolid; mons. Charles Joseph Chaput OFM Cap., Arzobispo de Denver; mons. Ricardo Ezzati Andrello SDB, Arzobispo de Concepción; mons. Giuseppe Versaldi, Obispo de Alessandria; mons. Ricardo Watty Urquidi, M. Sp. S.; Obispo de Tepic). Han participado en esta reunión los prefectos de la Congregación para la doctrina de la fe y de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, así como el sustituto para los asuntos generales de la Secretaría de estado.

Una de las sesiones se tuvo en presencia del Santo Padre, al cual los visitadores han presentado una síntesis de sus relaciones, ya enviadas anteriormente.

En el curso de la visita se han encontrado personalmente con más de 1,000 legionarios y se han atendido diversos centenares de testimonios escritos. Los visitadores se han dirigido a casi todas las casas de los religiosos y a muchas de las obras de apostolado dirigidas por la congregación. Han recibido, de palabra o por escrito, el juicio de muchos obispos diocesanos en los países donde opera la congregación. Los visitadores han encontrado también a numerosos miembros del movimiento Regnum Christi, si bien eso no fuera objeto de la visita, en particular a hombres y mujeres consagradas. Han recibido un número notable de mensajes de parte de laicos comprometidos y de familiares de miembros del Movimiento.

Los cinco visitadores han dado testimonio de la acogida sincera que han recibido y el espíritu de activa colaboración mostrado por la congregación y por cada religioso. Si bien han actuado de forma separada, han llegado a una valoración muy convergente y sus juicios son comunes. Los visitadores dan testimonio de haber encontrado un gran número de religiosos ejemplares, honestos, llenos de talento, muchos de ellos jóvenes, que buscan a Cristo con auténtico celo y que ofrecen su entera existencia en favor de la difusión del Reino de Dios.

2. La visita apostólica ha dejado en evidencia que la conducta del padre Marcial Maciel Degollado ha dejado consecuencias serias en la vida y la estructura de la Legión, consecuencias que requieren un camino de profunda revisión.

Los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del padre Maciel, confirmados por testimonios irrefutables, son verdaderos delitos y manifiestan una vida sin escrúpulos y sin un auténtico sentimiento religioso. Gran parte de los legionarios era ignorante de esa vida, sobre todo por el sistema de relaciones que construyó el padre Maciel, el cual hábilmente había sabido crearse coartadas, obtener confianza, confidencialidad y silencio de quienes lo rodeaban, y reforzar su papel de fundador carismático.

Un lamentable descrédito y alienación de quienes dudaban de su comportamiento recto, unido a una convicción errónea de no querer dañar el bien que la Legión estaba haciendo, hicieron que se creara en torno a él un mecanismo de defensa que lo hizo por mucho tiempo intocable, haciendo por tanto sumamente difícil conocer su verdadera vida.

3. El celo sincero de la mayoría de los legionarios, constatado también en la visita a las casas de la congregación y a sus obras –celo que es apreciado por muchos- llevó a muchos en el pasado a considerar las acusaciones, poco a poco más insistentes y surgidas desde diversas fuentes, sólo como calumnias.

Por ello el descubrimiento de la verdad sobre el fundador ha provocado en los miembros de la Legión una sorpresa, desconcierto y profundo dolor que han sido claramente advertidos por los visitadores.

4. De los resultados de la Visita Apostólica han surgido con claridad, entre otros elementos:

a. La necesidad de redefinir el carisma de la Congregación de los Legionarios de Cristo, preservando su verdadero núcleo, el de la “militia Christi”, que distingue la acción apostólica y misionera de la Iglesia y que no se identifica con una persecución de la eficiencia a cualquier precio.

b. La necesidad de revisar cómo se ejerce la autoridad, que debe ir unida a la verdad, para respetar la conciencia y desarrollarse a la luz del Evangelio como un auténtico servicio eclesial.

c. La necesidad de preservar la fe de los jóvenes, el celo misionero, el dinamismo apostólico, por medio de una adecuada formación. En efecto: la desilusión sobre el fundador podría poner en cuestión la vocación y el núcleo del carisma de la Legión de Cristo, tal como les es propio.

5. El Santo Padre quiere confirmar a todos los Legionarios y miembros del Movimiento Regnum Christi que no serán abandonados: La Iglesia tiene la firme voluntad de acompañarlos y ayudarlos en el camino de purificación que les espera. Éste implicará también un acercamiento sincero a cuantos, dentro y fuera de la Legión, han sido víctimas de los abusos sexuales y del sistema de poder creado por el fundador: a ellos va en este momento el pensamiento y la oración del Santo Padre, junto con la gratitud para aquellos que, en medio de grandes dificultades, han tenido el coraje y la constancia de exigir la verdad.

6. El Santo Padre, al tiempo que agradece a los visitadores su delicada labor realizada con competencia, generosidad y profunda sensibilidad pastoral, se ha reservado el indicar próximamente las modalidades de este acompañamiento, que tendrá como inicio el nombramiento de un Delegado pontificio y una Comisión de estudio de las Constituciones.

A los miembros consagrados del Movimiento Regnum Christi, que lo han pedido con insistencia, el Santo Padre enviará un Visitador.

7. Finalmente, el Papa renueva a todos los Legionarios de Cristo, a sus familias, a los laicos comprometidos en el movimiento Regnum Christi, su palabra de aliento, en este momento difícil para la congregación y para cada uno de ellos. Los exhorta a no perder de vista que su vocación, surgida de la llamada de Cristo y animada por el ideal de dar testimonio al mundo de su Amor, es un auténtico don de Dios, una riqueza para la Iglesia, y el fundamento indestructible sobre el cual se construirá el futuro personal y el de la Legión.

(Traducción no oficial del original italiano)

martes, 27 de abril de 2010

27 de abril. El padre Álvaro pide perdón, por nombre, a quienes han sufrido. "Hay que abrir el corazón con humildad"

















ENTREVISTA EN RADIO AL P. ÁLVARO CORCUERA (29 DE MARZO DE 2010)
http://www.regnumchristi.org/espanol/articulos/articulo.phtml?id=29388&se=364&ca=199&te=782.html



Síntesis:

* El padre Álvaro pide perdón, expresamente y por nombre, a las víctimas de abuso del padre Marcial Maciel. "No podemos nosotros reconocer al padre Maciel como un modelo"
* Hay que reconstruir la historia. Es momento de una sana autocrítica.
* "Yo tengo la confianza total en que (la Legión de Cristo) va a seguir y que tenemos también que aprender lecciones de humildad"
* "Estamos dispuestos a llevar a plenitud todo aquello que recibamos (de la Santa Sede)"

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México, 20 de abril de 2010. El pasado 29 de marzo, cuatro días después de la publicación del reciente comunicado de los superiores de la Legión de Cristo, el P. Álvaro Corcuera, L.C. concedió una entrevista al periodista mexicano Ciro Gómez Leyva de Radio Formula. Ofrecemos aquí una trascripción de la entrevista que también se puede escuchar en este enlace. (Nota del editor del blog: El enlace está en la página del Regnum Christi)

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Ciro Gómez Leyva: El viernes, como dimos cuenta aquí, la Legión de Cristo, encabezada por su director general el P. Álvaro Corcuera, dio a conocer un largo documento en el cual piden perdón por los crímenes, por todo el mal que ocasionó su fundador y guía Marcial Maciel. Es un documento, al menos a mí me pareció un documento contundente, un documento muy autocrítico, muy poco usual en las congregaciones religiosas, sin embargo, luego escuchamos, escuchamos, los comentarios, las respuestas, de algunas de las personas ofendidas, agraviadas, agredidas por Marcial Maciel y al menos uno de ellos, el líder del grupo de las personas que han denunciado a Marcial Maciel en México, José Barba lo consideró insuficiente, lo consideró ambiguo, eso fue el viernes. Habíamos hecho el compromiso de hablar con Álvaro Corcuera. Él nos dijo que sí, que hablaría con nosotros y le preguntamos a su gente si podíamos hacer la entrevista hoy y…

Ciro: -Álvaro qué tal, buenas tardes, buenas noches allá en Roma.

P. Álvaro Corcuara, L.C.: -¿Qué tal Ciro? Me da muchísimo gusto estar en contacto contigo, te agradezco la confianza y la oportunidad de conversar.

Ciro: -Gracias, Álvaro, ¿cómo llegaron a la decisión de emitir ese texto, ese comunicado, ese perdón el viernes pasado?

P. Álvaro: -Mira, Ciro, una vez al año tenemos la reunión con todos los superiores de la Congregación que llamamos los directores territoriales y también con el consejo general. Hemos conversado mucho sobre estas dificultades, sobre esta situación tan difícil, que nos ha tocado afrontar y todos hemos llegado a un acuerdo para poder emitir un comunicado, pero en un comunicado lógicamente no podemos expresar todos nuestros sentimientos, pero sí queremos realmente ofrecer una vez más una expresión de profundo dolor y pesar hacia todas las víctimas que han sufrido estos actos. Es un acto de perdón que no tienen ninguna otra finalidad, sino de abrir nuestro corazón con humildad a todas y a cada una de las personas que han sido dañadas y desgraciadamente escandalizadas por las acciones de nuestro fundador, del padre Maciel. Y lo mismo, Ciro, el perdón sincero por las palabras o acciones habidas hacia ellos por parte de cualquier miembro de nuestra congregación y por cualquier miembro del Movimiento. Yo sé que no es fácil decirlo con palabras, pero quiero expresarles el apoyo, cercanía y perdón a cada uno de ellos.

La reunión la concluimos la semana pasada, yo les pedí su voto, fue un voto unánime, revisamos el texto, hay diferentes culturas, diferentes países, contextos, diversidad en las reacciones recibidas, y al final acordamos firmar todos este documento para poder expresar el sentir de nuestra Congregación, Ciro.

Ciro: -Se criticó en México la fecha en que se emitió, el viernes previo a la Semana Santa.

P. Álvaro: -Sí, Ciro, la verdad es que ni siquiera lo teníamos pensado, porque coincidió con las reuniones que ya están fijadas con tiempo desde el inicio de año y este año coincidió casi con el inicio de la Semana Santa, pero no teníamos ninguna otra finalidad, yo simplemente no quería esperar más tiempo, porque veo que era necesario, era oportuno hacer una acción más contundente, más clara y firme, y luego sí, efectivamente, me hicieron saber que empezaba la Semana Santa, toda la situación que han vuelto, pues la Santa Sede, etc., pero yo, Ciro, sinceramente no quería esperar más tiempo. No fue ningún acto de oportunismo, fue un acto con toda confianza, de un perdón sincero.

Ciro: -¿El padre Maciel terminó, se acabó el padre Maciel para los Legionarios de Cristo?

P. Álvaro: -Pues yo creo que no podemos nosotros reconocer al padre Maciel como un modelo cuando hemos llegado a la conclusión de estos actos, estos actos han sido no solamente reprobables, sino han sido terribles, nos ha costado muchísimo reconocerlos, porque no coincidían con lo que nosotros experimentamos, con lo que vimos, con lo que escuchamos; yo no te puedo decir, que en lo personal no recibí unas lecciones totalmente opuestas a este comportamiento, por lo tanto, con un dolor muy profundo, hemos de decir que no lo podemos tener como modelo en este sentido, en estas acciones totalmente ajenas a lo que nosotros profesamos y tratamos de enseñar y esmerarnos por comunicarlo a las personas

Ciro: -Bien, Álvaro, Álvaro Corcuera, director general de los Legionarios de Cristo. Entendemos, pero, ¿qué van con la figura histórica de Marcial Maciel, va a desaparecer esa figura en la historia, en los recuentos de la Legión de Cristo, qué van a hacer con la figura histórica de Marcial Maciel?

P. Álvaro: -Es evidente que tenemos que reconstruir la historia. Sinceramente creo que es un momento que nosotros tenemos que tomarlo como un reto hacia el futuro, tenemos que tener un Capítulo, reorientar totalmente la figura, es algo, para una congregación es lo más doloroso que puede recibir, porque estás hablando de tu propio fundador. Yo creo que ahí tenemos un momento de reflexión profundo, sincero, en la verdad, y va a depender de eso el futuro de la imagen que tengamos de él, que desde luego ha cambiado totalmente después de estos actos.

Ciro: -Álvaro, nos dijo el viernes aquí Javier Bravo, el vocero de la Legión de Cristo, y por la noche del viernes José Barba, uno de los denunciantes del padre Maciel, lo dijo también en televisión, con más datos, que pediste perdón en privado cuando menos a tres de las personas agredidas por el padre Maciel, ¿vas a seguir haciéndolo después de este comunicado?

P. Álvaro: -Yo tenía esa intención incluso cuando fui a México, nada más que se desató todo esto que hemos vivido en los días anteriores en México. Tuve la oportunidad de hablar con el padre Félix Alarcón que fue uno de los primeros que denunció estos actos, lo fui a visitar a Madrid, estuve un buen tiempo con él, encontré una respuesta realmente extraordinaria, de un hombre muy bueno, él me dijo: “Bueno, es que tú no hiciste estos actos”, pero yo le dije que experimentaba la necesidad de acompañarle, de pedirle un perdón, de pedirle un perdón por todo lo que haya podido implicar, por no haber creído. El mismo padre Maciel había negado estos actos. Luego, he tenido algunas conversaciones con otros padres, otros miembros, que me han pedido privacidad. También he hablado con ellos, he encontrado respuestas muy positivas, con dolor. También varios de ellos reconociendo las cosas buenas que recibieron. Tuve la oportunidad de hablar dos veces por teléfono con Juan José Vaca, un hombre que admiro, que lo había conocido un poco antes de que yo fuese legionario de Cristo y también dos conversaciones ciertamente breves con don Saúl Barrales, que me apena muchísimo también por su enfermedad, pero que es un extraordinario hombre.

Y en el futuro, apenas pueda ir a México, desde luego que quiero acercarme a las demás personas, a las que aprecio profundamente y a las que estoy seguro que necesitan una palabra y una manifestación de cercanía.

Ciro: -Una de esas personas, Álvaro, es José Barba, quien ha sido el líder de este grupo de personas que han denunciado al padre Maciel. Él dijo el viernes que en el comunicado de ustedes, el que emitieron ustedes no está explícito un perdón para ellos.

P. Álvaro: -Yo, creo, Ciro, hay otras personas también que han sido afectadas por estos hechos tan tristes, tan difíciles. Me parecía difícil enumerar a todas las personas, pero desde luego, al padre Félix Alarcón, al licenciado José Barba, a Saúl Barrales, Alejandro Espinosa, Arturo Jurado, a los hermanos Pérez Olivero y a Juan José Vaca, y también fíjate, es una cosa que yo la veo providencial, si lo veo con los ojos de la fe, pero también a nivel humano, a Francisco González Parga. Yo cuando estaba en Irlanda, hace muchos años, tratando de aprender inglés, él fue el primero que me habló de la vocación sacerdotal, yo no entré en ese momento, terminé la carrera universitaria. Luego entré. Yo tengo una profunda gratitud hacia él, soy muy feliz como legionario de Cristo, soy muy feliz con mi sacerdocio y encuentro unas palabras de profunda gratitud hacia él, Ciro.

Ciro: -Se ha criticado ahora que todas las responsabilidades, después del comunicado que emitieron el viernes, se le está cargando al padre Marcial Maciel, y que no hay una crítica a la estructura de los Legionarios de Cristo, estamos hablando de la estructura de los Legionarios de Cristo, de 1955 al 2005, Álvaro.

P. Álvaro: -Sí, yo creo, Ciro, que en el mismo comunicado, aunque como te decía es muy difícil expresarlo en un comunicado que aunque es largo, no deja de ser sintético. No puedes expresar todo lo que tienes. Hemos expresado también nuestro perdón por no haberlo creído, el mismo padre Marcial Maciel lo había negado, y también yo considero que es un periodo muy importante para hacer una sana autocrítica. Yo conozco a la Legión de Cristo desde hace muchos años, conozco gente extraordinaria, el bien que ha hecho a la sociedad. Pero también considero que es un periodo de renovación donde tienes que seguir dirigiendo todas las cosas buenas para el bien de la sociedad, personalmente como sacerdote creo firmemente en el bien que el Evangelio que está llamado a dar para el bien de cada persona, y también tenemos que orientar, que corregir, que mejorar varias facetas de nuestra congregación.

La visita apostólica también nos está ayudando en este sentido. Y por eso el Capítulo General, que no sé aún la fecha en que lo tendremos, pero será una oportunidad, donde con la participación de todos y escuchando también las dificultades, los errores que hayamos tenido, podamos nosotros orientarnos en la mejor línea.

Ciro: -¿Tienes ya información de cómo han tomado las personas de la Legión de Cristo, del Regnum Chirsti, el documento, el mensaje del perdón que emitieron el viernes?

P. Álvaro: -Me da un poco de pena decírtelo, Ciro, pero han sido días muy intensos, no he podido recoger la información adecuada. Hasta el momento han llegado respuestas en general positivas. La gente quería este comunicado, la gente necesitaba escuchar que aquello que nosotros predicamos y profesamos, aquello que nosotros hemos hecho lo posible por comunicar, no correspondía a estos actos. Yo creo que es una reacción que la gente ha agradecido, siempre habrá diversas opiniones, si fue débil…, si fue claro…, pero en general, hasta el momento, he recogido impresiones positivas, Ciro.

Ciro: -¿Pero han sido pocas, han sido muchas, Álvaro?

P. Álvaro: -La verdad es que no las he leído por toda la cantidad de trabajo que ha habido en estos días. Lo que me ha llegado a mí está aún en las carpetas y he visto reacciones positivas.

Ciro: ¿Cuándo vas a estar en México, Álvaro Corcuera?

P. Álvaro: -Pienso ir en el mes de mayo. Y ahora voy a estar aquí unos días en Roma. Luego tengo unos compromisos en España. Regreso a Roma y con la gracia de Dios voy a estar allí en el mes mayo, a mediados de mayo, Ciro.

Ciro: -Mediados de mayo. Quizá, bueno, esto desde luego va a depender de los tiempos del Vaticano, pero quizá a mediados de mayo, como nos estás diciendo, es probable que ya se conozca el resultado de esta visita apostólica, de esta investigación que les está haciendo el Vaticano. ¿Como director general de los Legionarios de Cristo, qué esperas de esta investigación vaticana?

P. Álvaro: - Yo espero, sinceramente que sea una pauta, un parteaguas en la Congregación, donde todos los elementos positivos, tú sabes que nacimos en México, queremos profundamente a nuestro país, queremos unir todos nuestros esfuerzos, no solamente como congregación católica, sino también con otros grupos para poder ayudar mucho a la sociedad, a México en particular. Donde la Santa Sede nos va a ayudar a corregir, a reorientar definitivamente la figura del fundador de nuestra congregación, y también de hacer un análisis y una autocrítica profunda, y nosotros estamos dispuestos a llevar a plenitud todo aquello que recibamos.

Ciro: - Después de todo esto, ¿vivirá, continuará la Legión de Cristo?

P. Álvaro: -Yo creo que sí, Ciro, yo creo que la congregación de los Legionarios de Cristo, es una obra que para mí como sacerdote la veo como venida de Dios, sé que ha hecho un grandísimo bien, tiene que hacer un grandísimo bien. Yo tengo la confianza total en que va a seguir y que tenemos también que aprender lecciones de humildad y espero que realmente las aprendamos, unas lecciones en las diversas facetas de nuestra vida espiritual, humana, apostólica, pastoral y que podamos dedicarnos a hacerle bien a la sociedad, tanto en la clase dirigente, como en las clases más necesitadas y las clases más pobres para poder orientar hacia allá nuestro trabajo, Ciro.

Ciro: -¿Cómo te sientes, Álvaro, como se siente Álvaro Corcuera, el director general de los legionarios de Cristo? Estás cumpliendo cinco años al frente de la Legión. Y finalmente, finalmente, pidieron perdón. Finalmente se hizo este deslinde, que como decía a mi juicio, es claro, algunas personas no, pero finalmente se hizo. ¿Cómo te sientes, hoy, este lunes de Semana Santa, después de lo que hicieron el viernes con este deslinde, con esta crítica durísima a la biografía del padre Maciel?

P. Álvaro: -Te agradezco mucho la pregunta, Ciro. Me da, siento que no tengo derecho a manifestar lo que he sufrido y lo que hemos sufrido como congregación: la ofuscación, la tristeza, el dolor, la pena profunda. Yo no quisiera expresar que yo, lógicamente me las he pasado muy mal, pero estoy muy sereno y tranquilo en la conciencia porque hemos buscado realmente actuar según conciencia con todos los errores y limitaciones. Me siento con mucho dolor, con muchísima pena, es algo que yo nunca hubiera imaginado el día del Capítulo General cuando fui elegido, si hubiera sabido todo lo que iba a venir, pues yo creo hubiera habido un funeral, porque me hubiera dado un infarto cardiaco, pero sin embargo estoy orgulloso de esta familia, estoy muy feliz con todo lo que yo veo en mis hermanos, en la sociedad. Me siento por un lado con muchísimo dolor, con muchísima responsabilidad, no quiero pensar en lo que yo estoy pasando sino en las personas que han sufrido, en todos estos hombres también que han tenido unas situaciones de profundo dolor, de profunda pena y daría la vida por poder suavizar la carga y el sufrimiento de tantas otras personas, Ciro.

Ciro: - Bueno, pues lo veremos, Álvaro Corcuera. Muchas gracias por esta conversación. Ojalá a mediados de mayo, como nos has dicho cuando regreses a México, tengamos oportunidad, con la información que seguramente se dará de aquí a entonces, poder volver a charlar contigo. Muchas gracias, Álvaro, por estas palabras.

P. Álvaro: Claro, Ciro, gracias. Sabes que hoy en la mañana estaba leyendo un testo de Einstein, que hablaba de las crisis y de las dificultades. Me permites leerte unos párrafos

Ciro: -Por favor.

P. Álvaro: -Dice: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis siempre trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis y en las dificultades que nace la incentiva, los descubrimientos, la virtud. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violentas, su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera dificultad es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salida y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia”. Yo creo en las palabras, pues también sobre todo, del Evangelio, Ciro, en esta Semana Santa, para saber que toda dificultad, todo dolor y toda pena, siempre nos hacen vislumbrar un futuro mejor.

Ciro: -Gracias, Álvaro.

P. Álvaro: -Y perdón si me alargué en las respuestas, Ciro. Que Dios te bendiga, gracias.

Ciro: -Álvaro Corcuera, director general de los Legionarios de Cristo en sus palabras.

© Radio Formula. Reproducción autorizada.

viernes, 26 de marzo de 2010

26 de marzo. Comunicado sobre la Legión de Cristo y su situación presente















¡Venga tu Reino!

25 de marzo de 2010
Solemnidad de la Anunciación del Señor

Introducción

Con ocasión de la reunión anual de los directores territoriales con el director general y su consejo, queremos dirigirnos a nuestros hermanos legionarios de Cristo, a los consagrados y a todos miembros del Movimiento Regnum Christi, familiares y amigos que nos acompañan en este momento de nuestra historia, así como a todos aquellos que han sido afectados, heridos o escandalizados por las acciones reprobables de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel Degollado, L.C.

Nos ha llevado tiempo asimilar estos hechos de su vida. Para muchos –sobre todo para las víctimas– este tiempo ha sido demasiado largo y doloroso.

En ocasiones no hemos podido o sabido salir al paso de todos como hubiera sido necesario y como, de hecho, era nuestro deseo. Por eso sentimos la necesidad de emitir este comunicado.

1. Acerca de algunos hechos de la vida de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel, L.C. (1920-2008)

Habíamos pensado y esperado que las acusaciones presentadas contra nuestro fundador fuesen falsas e infundadas, pues no correspondían a la experiencia que teníamos de su persona y de su obra. Sin embargo, el 19 de mayo de 2006 fue emitida una comunicación de la Sala de Prensa de la Santa Sede como conclusión de la investigación canónica que la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) había iniciado en el año 2004. En ese entonces, la CDF llegó a una certeza moral suficiente para imponer sanciones canónicas graves, correspondientes a las acusaciones hechas en contra del P. Maciel, entre las cuales se incluían actos de abuso sexual a seminaristas menores. Por lo tanto, profundamente consternados debemos decir que estos hechos sucedieron.

En efecto, «la Congregación para la Doctrina de la Fe, […] decidió –teniendo en cuenta tanto la edad avanzada del padre Maciel, como su delicada salud– renunciar a un proceso canónico e invitar al padre a una vida reservada de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público. El Santo Padre aprobó estas decisiones» (Comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, 19 de mayo de 2006).

Posteriormente supimos que había tenido una hija en el contexto de una relación prolongada y estable con una mujer y otras conductas graves. Más adelante aparecieron otras dos personas, hermanos entre sí, que afirman ser hijos suyos, fruto de la relación con otra mujer.

Reprobamos éstos y todos los actos contrarios a los deberes de cristiano, religioso y sacerdote en la vida del P. Maciel, y afirmamos que no corresponden a lo que nos esforzamos por vivir en la Legión de Cristo y en el Movimiento Regnum Christi.

2. La Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi ante estos hechos

Expresamos, una vez más, nuestro dolor y pesar a todas y cada una de las personas que hayan sido dañadas por las acciones de nuestro fundador.

Participamos del sufrimiento que este escándalo ha causado a la Iglesia y nos aflige y apena profundamente.

Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos. Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas responsabilizando de sus hechos a estas personas.

Asimismo, pedimos perdón a nuestros familiares, amigos, bienhechores y a todas las personas de buena voluntad que hayan sentido que su confianza ha sido herida.

Por otra parte, como miembros del cuerpo místico de Cristo sentimos la necesidad de expiar con espíritu cristiano sus faltas y el escándalo por ellas causado. Para ello invitamos a quienes forman parte de nuestra familia religiosa a intensificar su oración y sacrificio.

Es también nuestro deber cristiano y sacerdotal seguir saliendo al paso de las personas que han sido afectadas de algún modo. A ellos va nuestra mayor solicitud y les seguimos ofreciendo la ayuda espiritual y pastoral que necesiten. Así buscamos contribuir a la necesaria reconciliación cristiana. Al mismo tiempo somos conscientes de que Jesucristo es el único capaz de sanar definitivamente y de «hacer nuevas todas las cosas» (cf. Ap 21,5).

Dios en sus misteriosos designios eligió al P. Maciel como instrumento para fundar la Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi, y agradecemos a Dios el bien que realizó. A la vez aceptamos con dolor que, ante la gravedad de sus faltas, no podemos mirar su persona como modelo de vida cristiana o sacerdotal.

Inspirándonos en el ejemplo de Cristo que condena el pecado pero busca salvar al pecador, y convencidos del significado y la belleza del perdón, encomendamos a nuestro fundador al amor misericordioso de Dios.

3. La Visita Apostólica

Deseamos expresar nuestra gratitud al Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, no sólo por renovarnos «su solidaridad y su plegaria en estos momentos delicados» (cf. Carta del Cardenal Tarcisio Bertone, SDB, al P. Álvaro Corcuera, 10 de marzo de 2009) sino también por habernos ofrecido el instrumento de la Visita Apostólica para ayudarnos a «superar las dificultades existentes» (ibid.). Así esperamos dar los pasos necesarios para consolidar los fundamentos, la formación y la vida cotidiana de los legionarios de Cristo y de los miembros del Movimiento Regnum Christi.

Agradecemos a los cinco visitadores apostólicos, Mons. Ricardo Blázquez, Mons. Charles J. Chaput, OFM Cap., Mons. Ricardo Ezzatti, SDB, Mons. Giuseppe Versaldi y Mons. Ricardo Watty, MSpS, todo el trabajo que han realizado con tanta entrega y solicitud paternas.

Acogeremos con obediencia filial las indicaciones y recomendaciones del Santo Padre que resulten de la Visita Apostólica y nos comprometemos a ponerlas en práctica.

4. Hacia el futuro

Desde el Capítulo General celebrado en enero de 2005, cuando fue elegido el P. Álvaro Corcuera, L.C., como director general, hemos procurado guiar la Legión de Cristo y el Regnum Christi manteniéndonos fieles a todo lo que hemos recibido de Dios y ha sido aprobado por la Iglesia. Reconocemos con humilde gratitud las bendiciones y frutos que el Señor nos ha concedido hasta ahora y asumimos la responsabilidad de profundizar en la comprensión de nuestra historia, carisma y espiritualidad.

Afrontamos el futuro con esperanza, seguros de que nuestras vidas se apoyan únicamente en Dios. Confiamos plenamente en Él y en la omnipotencia de su amor que, como dice san Pablo, «hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman» (Rm 8,28). Sabemos que en este camino contaremos con la asistencia del Espíritu Santo y con la guía materna de la Iglesia.

Nuestro objetivo, como individuos y como institución, es amar a Cristo, vivir su evangelio y extender por el mundo su Reino de paz y de amor. Somos conscientes de que, para lograr esto, necesitamos una constante renovación, personal y comunitaria, en fidelidad a la tradición de la vida consagrada, con el fin de servir mejor a la Iglesia y a la sociedad. Este último periodo nos ha ayudado a reflexionar sobre nuestra identidad y misión y, al mismo tiempo, nos ha impulsado a revisar con humildad y sencillez diversos aspectos de nuestra vida institucional.

Estamos decididos, entre otras cosas, a:
- seguir buscando la reconciliación y el encuentro con quienes han sufrido,
- hacer la verdad sobre nuestra historia,
- continuar ofreciendo seguridad, sobre todo para menores de edad, en nuestras instituciones y actividades tanto en ambientes como en procedimientos,
- crecer en un espíritu de servicio desinteresado a la Iglesia y a las personas,
- colaborar mejor con todos los pastores y con otras instituciones dentro de la Iglesia,
- mejorar nuestra comunicación,
- seguir velando por la aplicación de los controles y procedimientos administrativos a todos los niveles y seguir actuando un adecuado rendimiento de cuentas,
- redoblar nuestro empeño en la misión de ofrecer el evangelio de Jesucristo al mayor número posible de hombres,
- y, sobre todo, buscar la santidad de vida con renovado esfuerzo de la mano de la Iglesia.

Conclusión

No podemos terminar este comunicado sin agradecer a los miles de legionarios, consagrados, consagradas y todos los miembros del Regnum Christi que con profunda generosidad han entregado y entregan sus vidas a Dios en el servicio de la Iglesia y de la sociedad, así como a aquellos que colaboran en los centros y obras de apostolado. Gracias a ellos y a su labor, podemos decir que Jesucristo es hoy más conocido y amado en este mundo. Asimismo expresamos nuestra gratitud a cada una de las personas que en todo momento nos han sostenido con su fe, sus oraciones y su sufrimiento, unido al de Cristo.

Firmamos este comunicado hoy, día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. Que Él nos conceda, por intercesión de su Madre, la Santísima Virgen María, la gracia de profundizar en el misterio del Amor de Dios hecho hombre y de vivirlo y transmitirlo con renovado fervor.

P. Álvaro Corcuera, L.C., director general
P. Luis Garza, L.C., vicario general
P. Francisco Mateos, L.C., consejero general
P. Michael Ryan, L.C., consejero general
P. Joseph Burtka, L.C., consejero general
P. Evaristo Sada, L.C., secretario general
P. José Cárdenas, L.C., director territorial de Chile y Argentina
P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., director territorial de Venezuela y Colombia
P. Manuel Aromir, L.C., director territorial de Brasil
P. Rodolfo Mayagoitia, L.C., director territorial de México y Centroamérica
P. Leonardo Núñez, L.C., director territorial de Monterrey
P. Scott Reilly, L.C., director territorial de Atlanta
P. Julio Martí, L.C., director territorial de Nueva York
P. Jesús María Delgado, L.C., director territorial de España
P. Jacobo Muñoz, L.C., director territorial de Francia e Irlanda
P. Sylvester Heereman, L.C., director territorial de Alemania y centro Europa

26 de marzo. Carta del P. Álvaro Corcuera LC sobre la situación actual de la Legión de Cristo y el Regnum Christi















¡Venga tu Reino!

Roma, 25 de marzo de 2010
Solemnidad de la Anunciación del Señor

A los miembros y amigos
del Movimiento Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

Tengo la ocasión de enviarles un afectuoso saludo en este día, solemnidad de la Anunciación. Celebramos hoy el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, quien quiso tomar nuestra naturaleza humana para expiar nuestros pecados y abrirnos el camino hacia el Padre. Misterio del amor infinito de Dios. Podía concedernos la redención por caminos más sencillos. Pero eligió el del abatimiento y la humillación de su Hijo, para mostrarnos que, si el misterio de nuestra iniquidad es muy grande, el de su amor misericordioso lo es infinitamente más.

Ya estamos casi a las puertas de la Semana Santa. Dentro de ocho días estaremos entrando en el Triduo Sacro, para acompañar a Jesucristo en esa hora tan escandalosamente incomprensible. La “hora del poder de las tinieblas” (Lc 22,53). La hora de su exaltación en la cruz. La hora, también, de su triunfo y su gloriosa resurrección.

La contemplación de estos misterios inefables nos descubre una presencia sigilosa, materna: María santísima. En Nazaret, en Belén, en el Calvario, María está presente, no como espectadora, sino plenamente inmersa, tomando parte activa en el misterio. María nos invita a entrar, como Ella, aceptando la parte que Cristo quiere asignarnos, porque también nosotros somos co-protagonistas.

Es en este contexto que quisiera presentarles el comunicado que estamos publicando juntamente con esta carta.

1. Como podrán constatar, casi todo su contenido son temas sobre los que, de una u otra manera, ya hemos venido conversando durante más de un año. Lo hemos hecho con algunos de ustedes en particular, con otros en reuniones y encuentros más numerosos. También he procurado en varias ocasiones escribirles a todos, conjuntamente. Hemos orado juntos muchas veces. Sé que también los legionarios y miembros consagrados que les atienden han puesto todo su esfuerzo por estar a su disposición para responder a sus interrogantes e inquietudes en la medida en que los mismos temas se han venido esclareciendo poco a poco.

Ha sido éste un período muy doloroso para todos. Incluso traumático. El repentino desvelarse de algunas facetas de la vida de nuestro fundador que no correspondían para nada a lo que nosotros vivimos a su lado, nos tomó a todos de forma totalmente inesperada. No estábamos preparados para ello. Todos hemos tenido que pasar por un proceso de asimilación gradual, en muchos casos forzosamente lento, requiriendo un acopio inusual de recursos humanos y espirituales, que cada uno ha ido encontrando en la oración, en los diálogos con Jesucristo en la Eucaristía, en la intimidad con la Santísima Virgen, en las conversaciones con los directores, con el orientador moral o con los mismos compañeros de sección, familiares y amigos.

Como es natural, en este proceso de afrontar la realidad histórica y sus consecuencias, cada uno ha seguido un recorrido propio, de acuerdo con su sensibilidad, su trasfondo cultural, su cimentación espiritual. Y es igualmente natural que no todos se encuentren en el mismo punto. Hay quienes, con un auxilio especial de la gracia, pueden dar ya por superado este momento, como también habrá quien necesite aún de tiempo y oración para terminar de procesar y cerrar en su fuero personal este capítulo. Hemos de respetar y de comprender con mucha delicadeza el ritmo de cada uno.

2. En estos días hemos reflexionando sobre todo ello con los padres del consejo general y con los directores territoriales. Todos juntos hemos visto que, una vez leída y asimilada esta página de la vida de la Legión de Cristo y del Regnum Christi, nos toca dar un paso adelante, en lo personal y como institución, para cerrar este capítulo de nuestra historia e iniciar uno nuevo.

Es verdad que todavía estamos a la espera de los resultados de la visita apostólica, cuya fase operativa ha concluido. Indudablemente estamos en disposición de plena apertura y acogida dócil y sobrenatural de todo cuanto el Santo Padre juzgará conveniente indicarnos. Pero mientras llega ese momento, que presumiblemente tardará aún varios meses, queremos, por así decir, ponernos en marcha, reemprender nuestro camino con fe y humildad y relanzarnos a trabajar con todo nuestro ardor en la misión que el Señor nos ha encomendado al servicio de la Iglesia. El comunicado adjunto, además de lo que representa por sí mismo, responde también a este propósito de relanzamiento institucional.

3. Pienso que la contemplación del ejemplo de la Santísima Virgen puede mostrarnos cuáles son las disposiciones que deben acompañarnos en el momento histórico que nos toca vivir. Desde la Anunciación en Nazareth hasta el trance del Calvario, el alma de María se revela llena de fe, de esperanza y de amor teologales. Son las tres virtudes que Dios nos pide cultivar intensamente. Fe, que ilumina el pasado. Esperanza, que nos alienta ante el futuro. Amor, que nos compromete en el presente.

4. Fe, que ilumina el pasado.

¡Cuántos acontecimientos vinieron a trastornar la vida de María, sin que Ella pudiera comprender! Desde el anuncio mismo del ángel, pasando por un sinfín de imprevistos, contratiempos, percances, contrariedades, y al final, el desenlace trágico, ciertamente anunciado, pero igualmente incomprensible, tan contrario a lo que razonablemente cabría esperar del destino de uno que es nada menos que el Hijo de Dios. Ella, ¿qué hacía? ¿cómo reaccionaba?

«Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,51). Las meditaba. Desde la fe. Las meditaba sin entender. Las platicaba con Dios, sin pedirle cuentas ni explicaciones. Sencillamente sabía que todo formaba parte de sus designios, que Él sí sabía qué y por qué hacía. Y eso le bastaba. Aunque no entendiera nada. Meditaba todas las cosas, no para quedarse en un lamento estéril ni para compadecerse a sí misma. Para tratar de comprender mejor el plan de Dios. Para pedirle fuerzas para aceptarlo. Y para entregarse dócil, humilde y gozosamente a su realización.

En el Calvario, al pie de la cruz: silencio y oración confiada. Una vez más, no entendía nada. Aquello era tan atroz, tan infamante, tan imposiblemente siniestro. Pero si sus ojos estaban empañados por las lágrimas, y su mente aturdida por el desconcierto, su alma resplandecía de fe. Sabía que Dios estaba cumpliendo sus designios. Y de nuevo respondió: “sí”. Y seguía meditando. Meditaba, creyendo. Creía, confiando.

Pienso que esa es la fe que Dios nos está pidiendo. Quizás nunca llegaremos a comprender el porqué de tantas cosas que han venido a la luz. Ni por qué Dios eligió un instrumento así para poner en pie la Legión de Cristo y el Regnum Christi. ¿Por qué la Legión y el Regnum Christi no podrán presentar la figura del fundador igual que otras congregaciones y movimientos? Dios lo sabe. Hemos de aceptarlo con fe. Y con fe y humildad reconocer que, a pesar del misterio tan grande, Dios es más sabio que nosotros. Una vez más se verifica su advertencia: «Mis caminos no son vuestros caminos» (Is 55,8).

Dios nos pide fe para creer firmemente que «todas las cosas cooperan al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28), y por tanto, que Él está preparándonos para una efusión de gracia especial. Hemos de confiar en que Él, que ha permitido que las cosas sucedieran así, es suficientemente bueno y poderoso para sacar bienes mayores. En parte ya los vemos. Estoy seguro que veremos muchos más. El Catecismo nos enseña que «con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas», y que «del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf Rm 5,20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención». Al mismo tiempo nos advierte que «no por esto el mal se convierte en un bien» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312).

Con fe hemos de descubrir y aceptar que, por encima de todas las vicisitudes que configuran nuestra historia pasada, la Providencia divina es quien realmente dirige nuestro destino. La fe nos ayuda a creerlo de verdad, aunque a veces pueda parecernos que vamos en la dirección equivocada. Y aunque a veces nuestros ojos sólo vean la intervención, con frecuencia torpe, de la libertad humana. Muchos factores han determinado, en este último año, el rumbo que han seguido la Legión y el Movimiento Regnum Christi. Uno de esos factores ha sido la actuación de los directores. Vista desde la perspectiva humana, se podrá juzgar que ha sido más o menos acertada. O desacertada. Repasando en particular mi propia actuación, dada la responsabilidad que me corresponde, puedo asegurarles que en todo momento he intentado proceder con la mayor pureza de intención y la máxima prudencia; he pedido diariamente al Espíritu Santo el don de consejo, que como saben, ilumina y perfecciona la virtud de la prudencia. Me he ayudado del consejo general, de muchos hombres de Iglesia y de ustedes. Hemos buscado tomar cada decisión y dar cada paso en la presencia de Dios y tratando de discernir cómo actuaría Jesucristo. Pero no soy infalible. No sé si he acertado. Seguramente no en todo. Los demás directores habrán podido también cometer alguna equivocación, en medio de innumerables actuaciones atinadas. Pero lo que sí es indudable es que Dios sabe escribir recto sobre renglones torcidos. A pesar de las grandes limitaciones y defectos de los instrumentos, Dios ha guiado nuestra trayectoria en el pasado, y nos seguirá conduciendo en el futuro. La fe de María nos lo asegura.

5. Esperanza, que nos alienta ante el futuro.

María nos da también un ejemplo de esperanza. Ella nunca sucumbió a la tentación de la desconfianza. Hubo momentos terribles en que el futuro parecía no tener salida. Le anunciaron una maternidad virginal, y bien sabía Ella las sospechas que eso podría suscitar. Le anunciaron que debían salir de prisa hacia Egipto, huyendo del odio de Herodes; y es fácil adivinar la incertidumbre y la zozobra que habrán embargado su ánimo. Le anunciaron que una espada traspasaría su alma, y debió soportar muchos años bajo la ansiedad de la profecía que habría de cumplirse. Bajo la cruz de su Hijo escuchó el anuncio de una nueva maternidad universal… Pero Ella aprendió a ponerse, una y otra vez, en las manos de Dios, con una esperanza sin límites. Y Dios no defraudó su esperanza.

Como la Virgen María, también nosotros hemos de mirar el futuro con una gran esperanza en Dios, sin que ninguna tormenta pueda robarnos el optimismo, que es propio de quien sabe, como san Pablo, que nada nos separará del amor de Cristo y que todo lo tenemos por pérdida en comparación con la experiencia del amor de Cristo, único motivo de nuestra existencia.

La confianza sigue a la fe. Si de verdad creemos en Dios, en su Providencia, en su sabiduría y bondad infinitas, no podemos menos que aferrarnos a su mano y poner en Él, solamente en Él, toda nuestra confianza. Nada del futuro puede hacernos temer.

Mirar el futuro con esperanza teologal significa encararlo con un profundo sentido de responsabilidad. Es Dios quien ha querido suscitar la Legión de Cristo y el Regnum Christi, para darle a la Iglesia un grupo de apóstoles que colaboren, con humildad y pasión, en la gran misión evangelizadora. Él no nos va a abandonar. No nos va a defraudar. Sólo nos pide santidad de vida, coherencia y responsabilidad, para no defraudarle a Él, a la Iglesia, a la sociedad y a las almas.

6. Amor, que nos compromete en el presente.

María no sólo creía y esperaba. Sobre todo amaba a Dios. Por amor aceptó en todo momento su voluntad santísima, y se entregó a cumplirla diligentemente, sin pensar en sí misma, en su comodidad, en su fama, en su bienestar. Sólo le importaba amar a Dios y cumplir su voluntad.

Es el compromiso que Dios nos pide también a nosotros en esta hora. Si la fe nos hace ver que todo contribuye para el bien de los que aman a Dios, hemos de amar más, hemos de amar sin límites. Y veremos cuánto bien pondrá Dios en este mundo. Esto es lo que Él nos pide. No limitar ni rebajar nuestro amor. Foguearlo más y más cada día en la oración. Que este sea uno de nuestros principales propósitos: ser hombres y mujeres de oración, de una profunda vida interior.

Por amor seguimos sirviendo a la Iglesia. Desinteresadamente. No por el beneficio que nos reporta.

Por amor seguimos haciendo vida el carisma tan hermoso y fecundo que Dios ha querido regalarnos. Por amor buscamos hacerlo fructificar. Por amor lo queremos compartir para que muchas otras personas se enriquezcan espiritualmente con los dones que de Él hemos recibido y así lleguemos a la meta final de nuestras vidas: el cielo.

Por amor, seguimos caminando juntos, apoyándonos, brindándonos comprensión unos a otros. Por amor buscamos reforzar aún más la unidad y el espíritu de familia, este tesoro sin precio que tanta paz y serenidad infunde en nuestras comunidades y equipos.

Por amor, seguimos al lado de todos nuestros compañeros del Regnum Christi, de nuestros amigos, familiares, bienhechores y de cuantos Dios pone en nuestro camino, para que todos encuentren en nosotros los cireneos que les ayuden a cargar su cruz en el seguimiento de Jesucristo.

7. Queridos amigos y miembros del Regnum Christi, les invito a llevar ante la presencia de Jesucristo en la Eucaristía estas consideraciones, fruto de largas y profundas reflexiones que hemos hecho junto con los miembros del consejo general y los directores territoriales. Y allí, de la mano de la Santísima Virgen, meditar estas cosas, renovar nuestro “sí”, hoy más lúcido, más coherente, más sufrido; también más gozoso. Y pedirle que a todos nos conceda, como a María, la gracia de aceptar con fe luminosa sus designios, de mirar con esperanza inquebrantable hacia el futuro, y de comprometernos a vivir en la caridad en cada momento presente.

Muy unidos en la oración y en la misión común encomendada, quedo de todos ustedes, afmo. servidor en Jesucristo,

P. Álvaro Corcuera, L.C.

sábado, 20 de marzo de 2010

20 de marzo. Síntesis de la carta del Papa a los católicos de Irlanda












http://www.vatican.va/resources/resources_sintesi-lettera-irlanda-2010_sp.html

El Papa ha enviado una carta pastoral a todos los católicos de Irlanda para expresar su consternación ante los abusos sexuales de jóvenes por parte de representantes de la Iglesia y por la forma en que fueron afrontados por los obispos y superiores religiosos de Irlanda. Pide que la carta se lea con atención en su totalidad. El Santo Padre habla de su cercanía en la oración a toda la comunidad católica irlandesa en este momento doloroso y sugiere un camino de curación, renovación y reparación.

El Santo Padre pide a los fieles que se acuerden de la roca de la que fueron tallados (cf. Is 51, 1) y, en particular, de la válida contribución que los misioneros irlandeses aportaron a la civilización de Europa y a la propagación del cristianismo en todos los continentes. En los últimos años ha habido muchos desafíos a la fe en Irlanda, debido a un rápido cambio social y a una menor fidelidad a las tradicionales prácticas devotas y sacramentales. Este es el contexto en el que hay que comprender la forma con que la Iglesia ha afrontado el problema de los abusos sexuales de menores.

El problema es consecuencia de muchos factores: una formación moral y espiritual insuficiente en los seminarios y noviciados, una tendencia en la sociedad a privilegiar el clero y otras figuras de autoridad, una preocupación desmedida por el buen nombrede la Iglesia y para evitar escándalos han llevado a la falta de aplicación, cuando era necesario, de las penas canónicas existentes. Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que dieron origen a la crisis es posible identificar con precisión sus causas y encontrar los remedios eficaces.

Durante su visita “ad limina” a Roma en 2006, el Papa exhortó a los obispos irlandeses a "establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, a tomar todas las medidas necesarias para evitar que se repita otra vez, a garantizar que los principios de justicia son plenamente respetados y, sobre todo, a curar a las víctimas y a todos aquellos que están afectados por estos crímenes atroces”. A partir de entonces, el Papa se encontró con algunas víctimas en más de una ocasión, escuchó sus historias personales, rezó con ellos y por ellos, y está dispuesto a hacerlo de nuevo en el futuro. En febrero de 2010 llamó a los obispos irlandeses para que vinieran a Roma con el fin de examinar con ellos las medidas que estaban adoptando para solucionar el problema, con especial referencia a los procedimientos y protocolos actualmente en vigor dirigidos a garantizar la protección de los niños en los ambientes eclesiales y responder con prontitud y justamente a las denuncias de abusos. En esta carta pastoral, se dirige directamente a una serie de grupos dentro de la comunidad católica de Irlanda, a la luz de la situación que se ha creado.

Dirigiéndose en primer lugar a las víctimas de abusos, el Papa reconoce la terrible traición que han sufrido y les asegura que siente mucho lo que han tenido que soportar. Reconoce que en muchos casos nadie estaba dispuesto a escucharles cuando encontraron el coraje para contar lo que les había sucedido. Comprende cómo se debían sentir los que vivían en internados al no poder escapar de su sufrimiento. Si bien reconoce lo difícil que debe resultar para muchos de ellos perdonar o reconciliarse con la Iglesia, les exhorta a no perder la esperanza. Jesucristo, que fue víctima de sufrimientos injustos, comprende la profundidad de su dolor y la persistente secuela en sus vidas y sus relaciones. A pesar de todo, precisamente las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los medios por los cuales se destruye el poder del mal y renacemos a la vida y a la esperanza. El Papa insta a las víctimas a buscar en la Iglesia la oportunidad de encontrar a Jesucristo y de hallar la curación y la reconciliación, redescubriendo el infinito amor de Cristo por cada uno de ellos.

En sus palabras a los sacerdotes y religiosos que han abusado de los jóvenes, el Papa recuerda que deben responder ante Dios y ante los tribunales legítimamente constituidos de las acciones pecaminosas y criminales que han cometido. Han traicionado una confianza sagrada y han provocado vergüenza y deshonra a sus hermanos. Se ha causado un gran daño no sólo a las víctimas, sino también a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa en Irlanda. Mientras les pide que se sometan a las exigencias de la justicia, les recuerda que no deben desesperar de la misericordia que Dios ofrece incluso a los pecadores más grandes, si se arrepienten de sus acciones, hacen penitencia y piden perdón humildemente.

El Papa anima a los padres a que perseveren en la difícil tarea de educar a los hijos a reconocer que son amados y apreciados y a desarrollar una sana autoestima. Los padres tienen la responsabilidad primordial de educar a las nuevas generaciones en los principios morales que son esenciales para una sociedad civil. El Papa invita a los niños y jóvenes a hallar en la Iglesia una oportunidad para un encuentro vivificante con Cristo, y a no desanimarse por las faltas de algunos sacerdotes y religiosos. Tiene confianza en la contribución de los jóvenes para la renovación de la Iglesia. Exhorta también a los sacerdotes y religiosos a no desanimarse, sino más bien a renovar su dedicación a los respectivos apostolados, trabajando en armonía con sus superiores. De esta manera aportarán nueva vida y dinamismo a la Iglesia en Irlanda a través de sus testimonios vivos de la obra redentora del Señor.

Dirigiéndose a los obispos de Irlanda, el Papa señala los graves errores de juicio y el fracaso de la acción de gobierno de muchos de ellos, porque no aplicaron correctamente los procedimientos canónicos en respuesta a las denuncias de abusos. Aunque a menudo resultara difícil saber cómo hacer frente a situaciones tan complejas, sin embargo hay que resaltar que se cometieron errores graves con la consiguiente pérdida de credibilidad. El Papa les anima a seguir luchando con determinación para poner remedio a los errores del pasado y evitar que se repitan, aplicando plenamente el derecho canónico y cooperando con las autoridades civiles en sus áreas de competencia. También pide a los obispos que se comprometan a ser santos, a dar ejemplo, estimulando a los sacerdotes y a los fieles a cumplir con su papel en la vida y en la misión de la Iglesia.

Por último, el Papa propone algunas medidas concretas para estimular la renovación espiritual de la Iglesia en Irlanda. Pide a todos que ofrezcan su penitencia de los viernes, durante un año, en reparación por los pecados de los abusos que se produjeron. Recomienda recurrir con frecuencia al sacramento de la reconciliación y a la práctica de la adoración eucarística. Anuncia su intención de que se realice una visita apostólica en algunas diócesis, congregaciones religiosas y seminarios, con la participación de la Curia Romana, y propone una misión nacional de los obispos, sacerdotes y religiosos en Irlanda. En este Año Sacerdotal, presenta a la figura de San Juan María Vianney como modelo e intercesor para un ministerio sacerdotal revitalizado en Irlanda. Después de agradecer a todos los que han trabajado duramente para afrontar con firmeza el problema, concluye proponiendo una oración por la Iglesia en Irlanda, para que la usen todos los fieles para invocar la gracia de la curación y de la renovación en este momento de dificultad.

20 de marzo. Texto íntegro de la carta del Papa a los católicos de Irlanda











http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland_sp.html


1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.

Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.

2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.

Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.

Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.

Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.

3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.

A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.

En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien - un hijo o una hija, una tía o un tío - que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.

4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo , las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron ,con frecuencia, de lado.

También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.

Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.

5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces “ (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).

Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.

6. A las víctimas de abusos y a sus familias

Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.

Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial - incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas - que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.

Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia - una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral - podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.

7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños

Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.

Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.

Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.

8. A los padres

Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades

9. A los niños y jóvenes de Irlanda

Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Éll dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.

10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda

Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).

Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.

11. A mis hermanos, los obispos

No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.


Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.

Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 Pet 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.

12. A todos los fieles de Irlanda

La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.

13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual

14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.

Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.


Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.

Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).

Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.

También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.

En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. "El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes." El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: “Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.

Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.

Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.

Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José,

BENEDICTUS PP. XVI





ORACIÓN POR LA IGLESIA EN IRLANDA



Dios de nuestros padres,
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,
en la caridad que purifica y abre nuestros corazones
en tu amor , y a través de tí en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.

Señor Jesucristo,
Que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario
en la formación de nuestros jóvenes en el camino de la verdad,la bondad, la santidad y el servicio generoso a la sociedad.

Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica
para la Iglesia en Irlanda.

Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado
y nuestro firme propósito de enmienda,
den una cosecha abundante de gracia
para la profundización de la fe
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,
y el crecimiento de la caridad. la justicia, la alegría y la paz en toda la familia humana.

A ti, Trinidad,
con plena confianza en la protección de María,
Reina de Irlanda, Madre nuestra,
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda.