lunes, 21 de mayo de 2012

21 de mayo. Carta del P. Álvaro Corcuera sobre la declaración del P. Thomas Williams

El padre Álvaro Corcuera explica cómo se llegó a esto, pide disculpas por el modo en llevar la situación, responde a preguntas comunes como si hay más casos como el del P. Thomas Williams o si hay casos en los Estados Unidos de abuso sexual en investigación.




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¡Venga tu Reino!

Roma, 21 de mayo de 2012

A los legionarios de Cristo y los miembros del Regnum Christi de Norteamérica

Muy estimados en Jesucristo,

Todos nosotros hemos tenido que sufrir en los últimos días por algunas informaciones muy dolorosas que se han hecho públicas. A esto se añade el recuerdo de las terribles noticias de hace tres años relacionadas con el P. Maciel.

Quiero aprovechar esta oportunidad para compartirles mi parte en lo que muchos de ustedes consideran errores en el modo de afrontar estos temas, y también para explicarles lo que la Legión está haciendo para poder manejar de manera más adecuada estos casos en el futuro.

Durante mi período como rector de nuestro seminario en Roma, escuché rumores a propósito de ciertos comportamientos inadecuados del P. Thomas Williams. Cuando le pregunté acerca de los mismos, él los negó y yo le creí. En el año 2005 me convertí en el segundo Director General de la Legión de Cristo. Sabía que tendría que enfrentar grandes retos, pero no podía imaginar todo lo que se nos venía encima. A poco tiempo de asumir mi nueva responsabilidad, descubrí que, efectivamente, el P. Thomas Williams había tenido una relación con una mujer y que habían procreado un hijo. Analicé la situación con el P. Williams y le pedí que se fuera retirando del ejercicio público del ministerio sacerdotal. En mayo de 2010 le impuse algunas restricciones en el ejercicio del ministerio que, desafortunadamente, no fueron del todo adecuadas, pues no se le exigió dejar la enseñanza. En el mes de marzo de este año le di al P. Thomas la indicación explícita de retirarse completamente de todo ejercicio público del ministerio. Tengo sin embargo que admitir con pena que, en medio de todo lo que estaba pasando en la Legión en esos años, no fui suficientemente diligente para imponer restricciones adecuadas y asegurar que éstas se cumplieran.

Les comparto esto no como una excusa por mi falta de pericia en el
manejo de esta situación, sino para explicarla y pedirles su perdón.

Más importante que mis errores es la necesidad de poder asegurarles que las cosas ya se manejan diversamente. El día de hoy, cuando se presenta una acusación grave en contra de un legionario, tomamos medidas cautelares según la naturaleza de la acusación, que pueden llegar hasta la prohibición del ejercicio público del ministerio sacerdotal. Investigamos el caso inmediatamente y, si hay algún asunto legal de por medio, se informa a las autoridades competentes. Si el caso cae bajo la jurisdicción de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), se le remite el caso.

Se ha verificado también otro cambio importante en nuestro sistema de gobierno. Cuando empecé mi servicio como director general, seguí básicamente el mismo estilo de gobierno centralizado en una sola persona que implementó el fundador. Esto significaba, en la práctica, que todos los asuntos de personal se me presentaban a mí como director general y yo tenía que tratar de atenderlos todos. En los últimos años, especialmente desde que el Card. Velasio De Paolis nos acompaña como delegado pontificio, hemos empezado a involucrar a los consejos general y territoriales en la toma de decisiones, tal y como prevé el derecho común de la Iglesia. Los territorios también están cobrando mayor relevancia en su propio gobierno, y esto permite respuestas más ágiles a las situaciones que se pueden presentar. Esto ya está dando fruto, de suerte que nuestros gobiernos general y territoriales son más competentes y asertivos.

Desde que asumí el cargo de Director General, hemos presentado siete casos a la CDF que se encuentran bajo investigación. Dos de estos casos tienen que ver con la violación de obligaciones sacerdotales que no tienen que ver con el abuso de menores. Uno de ellos es un caso reciente de abuso. Cuatro son casos de abuso ocurridos hace una o más décadas. Ninguno de los casos presentados a la CDF ha ocurrido en los Estados Unidos.

En los Estados Unidos, las acusaciones de abuso de menores se han manejado según las recomendaciones de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos bajo el auspicio del programa de acreditación para ambientes seguros que audita Praesidium, Inc. Las investigaciones las hacen firmas independientes. Además, el reporte final es revisado por un así llamado Review Board, que ofrece al Director Territorial recomendaciones sobre el reporte de la investigación y la acusación. Usando estos procedimientos, se han investigado acusaciones de abuso de menores hechas contra tres miembros de la Legión. Las investigaciones no hallaron evidencias que pudieran sostener las acusaciones. Hay otras acusaciones contra tres ex-legionarios que han sido referidas a las autoridades; que estas causas prosigan depende del deseo de las supuestas víctimas de que el proceso sea llevado a término. Hay un legionario que está siendo investigado en este momento y ha sido retirado del ejercicio público del ministerio mientras su caso se resuelve.

Nuestro primer y principal compromiso es velar por la seguridad de los niños bajo nuestro cuidado. Al mismo tiempo, la justicia nos exige que no violemos los derechos a la privacidad y al buen nombre de las personas involucradas en alguna situación delicada. Por ello, es indispensable distinguir entre acciones apropiadas y una comunicación apropiada.

Una parte importante del proceso de renovación y de revisión de las Constituciones de la Legión consiste en determinar la mejor manera de vivir en comunidad, de ejercer la autoridad y de asegurar que los miembros de la Congregación puedan crecer en su camino de santidad. Si logramos esto, se minimizan las posibilidades de faltas futuras. Sin embargo, somos todos seres humanos heridos por el pecado original. Somos una congregación internacional que, gracias a Dios, sigue creciendo. Por ello, es probable que alguno de nosotros pueda no vivir según los ideales de santidad que el Evangelio nos propone. Pero si esto sucede, cada uno asumirá la responsabilidad correspondiente.

Naturalmente surge la pregunta: ¿hay otros casos que están por descubrirse? ¿posibles escándalos que puedan minar aún más su fe y su confianza? No puedo asegurar que no los habrá. Sin embargo, sí puedo decir que estamos siguiendo el ejemplo del Papa Benedicto XVI en el modo de afrontar situaciones de abuso o de mal comportamiento sexual en la Legión. Por este motivo, a la luz de los eventos más recientes, he decidido con el consejo general revisar cómo se han manejado las acusaciones recibidas en el pasado para asegurar que en todas y cada una de ellas se han emprendido las acciones apropiadas.

Cualquier sacerdote que haya tenido alguna falta en este campo debería darlo a conocer para hacerse responsable por sus acciones y recibir la ayuda y supervisión que necesite. También les pido que si alguno se ha visto afectado por un legionario en este ámbito, lo refiera a las autoridades competentes. Todos debemos ser responsables de nuestros actos y comprender que esto es por nuestro propio bien, por el bien de la Legión y, mucho más importante, por el bien de la Iglesia.

Todo esto es para seguir el camino marcado por el Papa Benedicto XVI: «Exhorto [a quien haya caído en alguna falta] a examinar [su] conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que [ha] cometido y a expresar con humildad [su] pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda. Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos a quienes habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y de sacar el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos pide dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios» (Carta Pastoral a los católicos de Irlanda, 19 de marzo de 2010, n.7).

Antes de terminar esta carta quiero proponer que todos continuemos el camino de curación, renovación y reparación que ya hemos comenzado. Confío que, con la ayuda de Dios, la asistencia del Card. De Paolis y el apoyo del Consejo General, podremos seguir adelante nuestro trabajo, reparando las injusticias del pasado y afrontando estos casos según las exigencias de la justicia y la caridad cristianas. Para recorrer este camino de restauración y renovación necesitamos la unidad, la caridad, la oración y el apoyo mutuo.

Personalmente debo reconocer que siempre he estimado y valorado mucho al P. Thomas como hermano y sacerdote. Por esto, su situación es aún más dolorosa y les ruego una oración por él. Les pido también sus oraciones por los legionarios que con sus pecados pueden ser causa de escándalo y por aquellos que han sufrido por sus acciones, y también por mí. Todos tenemos que recordar el mandato de Cristo de vigilar y orar. Que el Espíritu Santo, consolador, defensor y guía nos conceda en el día de Pentecostés el conforto que necesitamos, y que inspire una nueva primavera de santidad, misericordia y celo apostólico en la Legión y el Regnum Christi. Dios siempre puede sacar bien del mal. ¡Esforcémonos por estar de su lado en este esfuerzo!

Suyo afmo. en Jesucristo, Álvaro Corcuera, L.C.

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